José Dionisio Solórzano / @jdsolorzano
Rincón del Gurú-. Los seres humanos somos un maná de emociones y sensaciones que moldean nuestra existencia.
Lo que somos, los que hacemos y lo que preferimos, tiene una relación directa con lo que sentimos, y por la influencia del entorno.
¡Claro que sí! Cuando tomamos una pequeña decisión como por ejemplo el color de una corbata, hasta la profesión que vamos a estudiar, o con quien casarnos, son acciones de la vida que estarán impulsadas por emociones coyunturales y por el marco de referencia establecido.
Así como el calor produce en nosotros una reacción, la de desprendernos de los ropajes que estén de más, así como el frío hace lo propio y nos obliga a arroparnos y cubrirnos con más celo, de esa misma forma actúa la ira, la indignación, la frustración, la alegría, la euforia y sobre todo el miedo.
Cuando hablamos de comunicación estratégica entendemos que existen dos sentimientos fundamentales en la estructuración de un discurso: El miedo y el Amor.
Los seres humanos hacemos lo que sea y como sea, para tomar algo que nos gusta. El poder de atracción es excepcional y muy favorable en la aplicación de acciones tácticas.
Y el miedo nos mueve aún más. Si advertimos que algo nos afectará, reaccionamos inmediatamente para detenerlo o eliminarlo.
Aquí actúa nuestro cerebro reptil – recordemos que los seres humanos poseemos tres tipos de cerebros: reptil, mamífero y humano – y actuamos violentamente para defendernos de aquello que nos atemoriza o que nos puede hacer daño.
Entonces, ¿cómo podemos utilizar el amor o el miedo para beneficiar nuestra campaña o nuestro negocio?
Ya sea en comunicación corporativa o comunicación política, la estructuración del discurso es fundamental para que estos resalten y tengan los resultados deseados.
Por ejemplo:
1-. Si tenemos un producto, digamos un jabón, y decimos que nuestro que éste es el único capaz de contrarrestar tal o cual enfermedad de la piel que actualmente está afectando al 33% de la población, estaremos haciendo uso del “miedo” para presentar nuestra marca y comercializarla.
2-. Si por el contrario empleamos la técnica del “amor”, podemos vincular la imagen de nuestro servicio o producto con sectores vulnerables de la sociedad y crear un vínculo entre éstos y nosotros.
¿Cómo hacerlo? Fácil, algo así: ¡Somos la única marca que promovemos la adopción canina”.
Cuando llevamos esto al ámbito político, podemos esbozar algunos ejemplos como la campaña del: “Por Amor” o “Corazón de la Patria” utilizadas por el expresidente venezolano, Hugo Chávez.
O el más reciente caso en los Estados Unidos, el de Donald Trump, quien utilizó el “peligro” de los mexicanos como herramienta de impulso.
En ambos casos alcanzaron sus objetivos.
¡Comunícate y hazlo bien!

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Mary Plazas

Comunicadora social y docente universitaria. Directora del portal y programa radial Universidad en Línea. Facebook | Twitter

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