*Hoy está de cumpleaños el hogar de San Celestino* Por Omar González Moreno

La Catedral de Barcelona cumple hoy 247 años. Los anzoatiguenses sienten una inevitable y amorosa gratitud por esta Iglesia. Su historia, su retablo y sus reliquias, entre las que figura San Celestino, hacen de ella uno de los templos más venerados del país.

Sobre San Celestino cuyo cuerpo está expuesto en la cumpleañera catedral de Barcelona existen innumerable mitos y leyendas. 

Quizá el más extendido es aquel según el cual los restos del mártir originalmente iban con destino a Barcelona, España.  La fábula sostiene que el barco que lo transportaba nunca pudo llegar a su destino, ya que cada vez que acercaba al puerto se ponía tan pesado que no se movía. Numerosos habrían sido los intentos del capitán para atracar la embarcación en el puerto catalán. No obstante, cada vez que se acercaba, el viento se detenía y la nave quedaba paralizada. Entonces, por fin, el capitán entendió que San Celestino no quería ir a Barcelona, España, sino a Barcelona, Venezuela. Acto seguido ordenó al timonel que enrumbara la nave hacia el norte de América del Sur. Desde ese instante el viento fue extraordinariamente favorable. En pocas semanas y sin ningún contratiempo el buque, con el cuerpo de San Celestino a bordo, estaba fondeado en el Mar Caribe en la bahía frente a la desembocadura del río Neverí. Eso cuenta una leyenda.

Después de su llegada a Venezuela, todo lo que sucede en Barcelona, desde la época de la colonia en adelante, se le atribuye a San Celestino. Tanto es así que dicen sus fieles que cuando se le ve caminando en el aire y traspasando los muros de la Catedral “algo malo va a pasar”.

Oscar Parrilla, en su época de cronista de la capital anzoatiguense, relató que en 1983 Anzoátegui estaba convulsionado con la campaña política que para ese tiempo se estaba dando. El exceso de música en las calles y el ruido frente a la catedral eran francamente insoportables. Se cuenta que la gente escuchó a San Celestino decir: “Esto no lo aguanta nadie”, y que su cuerpo se volteó dentro de la urna.

Otra leyenda sostiene que una vez un sujeto robó el tesoro de San Celestino. Al día siguiente el ladrón fue capturado, pero antes de que la policía le echara el guante, lanzó al río Neverí la bolsa con el botín. Aseguran todos los presentes que se quedaron perplejos al ver que la bolsa flotaba, a pesar de todas las grandes cantidades de joyas de oro que contenía en su interior.

Versiones como éstas abundan en el imaginario popular anzoateguiense.

Pero lo cierto es que cuando vivía Celestino, en el siglo III después de Cristo, nunca se imaginó que después de muerto sería elevado a los altares y mucho menos que sería proclamado patrono de una ciudad que decenas de siglos después se llamaría Barcelona, ubicada en un país, Venezuela, y en un continente, América, que en su época nadie conocía de su existencia.

Tampoco que un Papa ordenaría que sacaran sus restos de las catacumbas de San Lorenzo, en Roma; le destaparan la cara para que vieran como conservaba sus facciones y lo vistieran con un uniforme, en algunas partes hecho con tela de mosquitero, con el deliberado propósito de que se le vieran los huesos.

Que su cadáver incorrupto por toda la eternidad fuera depositado en un sarcófago de vidrio, sacado de Roma hacia la ciudad de Génova, después al Puerto de Cádiz, luego a San Juan de Puerto Rico y, finalmente, a la ciudad de Santa Eulalia de Barcelona, en Venezuela, para que permaneciera en una especie de velorio de cuerpo de presente “in sécula seculorum”; eso ni por asomo le cruzó por la mente.

Mucho menos que sus despojos quedarían expuestos, en una especie de vitrina, dentro de un cuartico enrejado de unos 15 metros cuadrados aproximadamente, con una cortinas de un rojo chillón como telón de fondo,  en la primera Iglesia consagrada en tierra firme del llamado Nuevo Mundo, la Iglesia de San Cristóbal, hoy Catedral de Barcelona, donde también serían enterrados, en unos frascos de vidrio y en unas cajitas de madera, la cabeza, cinco manos y otros huesos de los mártires San Félix, San Teófilo, San Severino, San Eustoquio, San Facundo, San Pedro Alcántara, San Pacífico, San Anastasio y San Pascual de Bailón.

No, nada de aquello se imaginó jamás cuando vivía San Celestino, 250 años después de Cristo. Pero lo cierto es que no hay tiempo mejor empleado que el que invirtió en santificar su hogar desde hace 247 años, la Catedral de Barcelona. ¡Qué hermoso es el cuerpo de nuestro dulcísimo patrono! ¡Qué felicidad es estar tan cerca de él y poder contemplarlo en el templo de su gloria!. 

  • Omar González Moreno. Comunicador Social. Escritor. Analista político. Diputado Asamblea Nacional Vzla.

Imagen: Sarcófago de San Celestino en la Catedral de Barcelona. (cortesía de Tierra de Gracia)

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Mary Plazas

Comunicadora social y docente universitaria. Directora del portal y programa radial Universidad en Línea. Facebook | Twitter

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